Vistas de página en total

Bienvenidos al Blog de David de Pedro






No sé como habéis aterrizado en este blog, pero poco importa, estáis aquí y os doy la bienvenida. Espero que paséis un rato ameno porque es de lo que se trata y que aprendáis tanto de mis errores como de mis experiencias, que compartáis la realidad y opiniones a ojos de mis personajes para que los entendáis más. A veces son reivindicativos, a veces muestran ese Mr. Hyde que en un momento dado todos llevamos dentro.

Hasta el momento de su publicación, os dejo con un pequeño aperitivo, el book trayler de mi novela. Como siempre, os invito a que hagáis vuestros comentarios, que mejorarán con mucho este blog.

Soy consciente que vuestro tiempo es oro, y por eso os agradezco vuestra atención. Como dijo Benjamin Franklin: Si el tiempo es lo más caro, la pérdida del mismo es el mayor de los derroches.

Volved cuando queráis.

Gracias,


David de Pedro




P.S.: Por cierto, aquí tenéis el link de La Revelación de Qumrán en Amazon, y si no tenéis kindle y lo queréis leer por ordenador, os podéis descargar el software clicando aquí. También podéis visitar mi nueva página web: www.daviddepedro.com

jueves, 15 de marzo de 2012

Amazon - Capítulo 1 - Tercera Parte

Hola,

La Revelación de Qumrán se está manteniendo en la primeras plazas, esta semana ha estado oscilando entre la octava y la novena, y eso siempre es motivo de satisfacción. Esperemos tener continuidad. Ahora sólo falta empezar a vender en el mercado americano y esperar a ver si alguna editorial se interesa por publicar la novela en papel. Es cuestión de tiempo y perseverancia. Os dejo el tercer fragmento, recordad que si es la primera vez que entráis, las otras partes van de la entrada más antigua a la más reciente. Sed buenos conmigo!!! ;).

(...Continuación)


Después de aquel rápido análisis decidió buscar a la mujer. Echó un vistazo y detectó la cabellera rubia que se dirigía a la barra. La reconoció por su peculiar gabardina gris perla. Antes de ir tras ella, volvió a mirar la fotografía que llevaba en la cartera. También existía la posibilidad de que hubiera seguido a la persona equivocada; tenía que asegurarse. Una vez comprobado, intentó aproximarse disimuladamente hasta donde se había situado ella y pidió a la camarera:
—Un whisky con hielo, por favor —y se giró hacia donde estaba la sospechosa—. Hola, parece que esto está muy concurrido, ¿no?
Entonces ella se volvió hacia él y le dijo con simpatía:
—¡Uf!, desde luego que sí, y como no me desprenda rápidamente de la gabardina me voy a asfixiar de calor.
Él se quedó estupefacto. «¡Pero qué guapa es!», pensó, «desde luego, no cabe duda de que es la chica de la fotografía, aunque la foto la desfavorece notablemente».
—¿Qué pasa, te has quedado sin lengua? —rió la chica.
—No, no, perdona —consiguió balbucear— lo que pasa es que nunca había visto semejante belleza, al menos en el mundo real...
—¡Ja, ja, ja! Desde luego, eres un encanto; eso por no hablar de la aguda percepción que tienes de la realidad, ¡ja, ja, ja! —continuó riendo en medio del alboroto.
—¿Cómo te llamas? —Oscar intentó recuperar la compostura.
—Helena. ¿Y tú?
—Oscar. ¿Vienes mucho por aquí?
—Sí, suelo venir con frecuencia. Me gusta mucho este local. Eso sí, lo que no me gusta tanto es el tipo de gente que suele venir. Pero a ti no te había visto nunca. ¿Eres de la ciudad?
—Sí, lo que pasa es que salgo poco, pero viéndote me lo tendré que plantear...
Helena se quitó la gabardina, para lucir una figura que ni mucho menos se hubiera podido apreciar con ella puesta. Su suave vestido rojo le marcaba cada curva, las tiras del vestido dejaban ver unos hombros suaves. Su piel, ligeramente bronceada, hacía juego con su melena rubia, que le caía como una cascada de rayos de luz sobre el escote de la espalda. Este le llegaba casi hasta la cintura, y permitía entrever que no llevaba sujetador. Aun así, tenía los senos erguidos bajo una tela que dejaba ver unos pezones bien definidos.
—¡Joooooooooder —susurró— pero qué mujer!
—¿Perdona, has dicho algo?
—No, no, qué va... —se apresuró a rectificar Oscar y pensó: «Desde luego, sí tengo que vigilar a esta mujer. No me separo de ella ni borracho»—. ¿Tú también eres de aquí?
—No, soy de Barcelona. Hace unos meses me trasladé a vivir a Girona.
—¿Quieres que vayamos a otro sitio más tranquilo para poder hablar mejor?
—Bueno, aunque no podré quedarme hasta muy tarde.
—De acuerdo. ¿Mañana tienes que madrugar?
—Sí, tengo que hacer unas cuantas gestiones. Por cierto, ¿ya sabes a qué lugar iremos?
—Conozco un bar que está aquí cerca y que es muy íntimo y tranquilo. Así podremos ir dando un paseo.
—Vale, ¿a qué esperamos?
—A nada. Tú primero, por favor.
«¡Pero qué coño estás haciendo, Oscar!», gritaba su mente, «es una sospechosa a la cual estás vigilando y encima te la quieres ligar... ¡Estás loco!».
—A la mierda —acalló a su conciencia en voz alta.
—Perdona, ¿decías algo, Oscar? —preguntó Helena, girándose.
—¿Eh? ¡Ah!, no, no, solo saludé a una persona.
Entre apretujones consiguieron llegar a la salida del pub. Una vez fuera, la brisa de la noche húmeda les golpeó en la cara y llenó de aire los pulmones.
—¡Ahhhhh! Qué alivio respirar estas suaves fragancias nocturnas —suspiró Helena.
«A ti sí que te olería toda».
—Sí, es cierto, estos aromas parecen despertar después de la lluvia —corroboró en voz alta.
—¡Brrrrrr! Qué frío hace, será mejor que me ponga la gabardina. Bien, ¿a dónde tenemos que ir?
—Dame la mano, no te vayas a perder —rió Oscar.
Empezaron a caminar. La libido del joven detective estaba subiendo por momentos, y el contacto con ella no ayudaba a calmarla. Pasaban por debajo de las luces de las farolas, y él sentía cada vez más fuertes los impulsos de besarla. Le costaba mucho contenerse, hasta que de golpe la miró fijamente y se disculpó:
—Lo siento, Helena.
—¿Eh? Qué sient... —empezó a decir.
—¡Mmmmm! —fue todo el ruidito que consiguió emitir con la boca de Oscar sobre la suya.
Lo que empezó con un suave beso, continuó con otro cada vez más apasionado. Helena reaccionó, y en contra de lo que había pensado Oscar, que era que le pegaría un tortazo que le dejaría la mano marcada, se encontró con su lengua surcando su boca. Fue así hasta que recobraron la conciencia de dónde se encontraban, ya que la poca gente que pasaba se quedaba mirando y vitoreándoles.
—Ejemmm —carraspeó Oscar mirando a su alrededor—. Perdóname, pero es que... ¡Mmmm!
Esta vez fue Helena la que no le dejó acabar la frase al abalanzarse a sus labios.
—¿Querías decir algo, Oscar? —susurró.
—Sí, que no suelo hacer estas cosas, pero... ¡Joder, cómo me pones!
—Yo tampoco las hago, no me malinterpretes —y luego musitó a su oído—: ¿Quieres que vayamos a mi casa?
Oscar, sorprendido, la examinó. Sus caras estaban a pocos centímetros. Podía sentir su respiración entrecortada por la excitación y oler su perfume femenino. Podía ver aquellos ojos de color miel con las pupilas tan dilatadas, los labios carnosos que cubrían las hileras bien formadas de sus dientes. Podía percibir el rápido latir de su corazón, y también podía percibir bajo sus tejanos la opresión de algo que le decía que hacía demasiado tiempo que no intimaba con una mujer. Al igual que su maldita voz de la conciencia, que le martilleaba con insistencia en la cabeza recalcándole la locura que estaba cometiendo.
—Sí. ¿Está muy lejos?
—No, está aquí, en la Plaza de la Independencia. Es un ático —aclaró la rubia.
—Vamos, no perdamos más tiempo —urgió Oscar.
Cogidos de la mano caminaron en silencio hasta llegar a la puerta de la vivienda, donde no se pudieron contener más, dando rienda suelta a sus pasiones mientras Helena intentaba dar con la llave en la cerradura. Una vez conseguido, entraron a trompicones. Oscar se detuvo, tomó entre sus manos la cabeza de Helena y fijó sus ojos en los de ella.
—Eres la mujer más atractiva que he conocido jamás.
Entonces, despacio, la empezó a besar. Primero los párpados, después desde el lóbulo de su oreja hasta la comisura de los labios. Su ternura hacía que ella suspirara entrecortadamente. Tenía la cabeza echada hacia atrás, con los ojos cerrados y la boca entreabierta. Él la miraba, acariciaba con sus manos la faz de un ángel. Y continuó besando, recorriendo el cuello milimétricamente...
Sus manos descendieron de su cara a los hombros, deslizaron las tiras de su vestido para que este cayera al suelo. La volvió a observar. Su cuerpo estaba temblando de excitación. Sus ojos continuaban cerrados. Sus pechos cálidos se movían al compás de la respiración. Su vientre era liso y sus caderas le daban la forma de la diosa del placer. Llevaba un tanga, de color rojo, igual que el vestido.
«Dios existe», se reafirmó interiormente.
La volvió a besar desde donde lo había dejado y continuó bajando... hasta detenerse en los senos. Su lengua jugueteaba con los pezones endurecidos, mientras sus manos los acariciaban con suma delicadeza. Continuó con su placentero y húmedo peregrinaje, pasando por el centro de su ser en su recorrido hasta llegar a la ropa interior, que fue bajando con ternura mientras iba besando todo el entorno del ombligo. Así hasta que ya no quedó nada más sobre su piel.
Y allí estaban los dos, sudorosos, de pie en medio de la sala de estar. Ella desnuda, él con toda la ropa puesta. Entonces fue cuando Helena abrió los ojos y empezó a desabrochar el cinturón de Oscar. Sus manos se movían hábilmente desabotonando sus Levi´s descoloridos. Notaba una presión contra los tejanos que no podía pasar desapercibida de ninguna manera. Luego empezó a acariciar su pectoral velludo por debajo de la camiseta. Notaba todos los músculos en tensión, duros como piedras. Cogió la camiseta y la fue subiendo hasta que se la quitó completamente. Sus dedos no dejaban de recorrer aquel cuerpo moldeado por horas en los gimnasios. Su próxima parada fueron sus botas, se las quitó y volvió a incorporarse. Sus manos se metieron a través del bóxer, asiendo con fuerza las nalgas de Oscar. Este, en silencio, se dejaba hacer, hacía mucho tiempo, demasiado, que no experimentaba un momento tan cargado de erotismo como aquel. No hacía falta decir nada... se respiraba el sexo en el aire.
Entonces Helena acabó de quitarle los pantalones y calzoncillos, para dejarlo desnudo ante ella. El miembro, libre de su opresión, se elevaba erguido, desafiando a la gravedad con su potencia varonil.
Oscar fue bajando lentamente a Helena hasta la alfombra. Cuando la tuvo allí, tendida y con su abanico dorado desparramado, continuó acariciándola. Pero ella no se quedó en un papel pasivo, mientras lo besaba empezó a acariciarle el...
Fueron interrumpidos por el sonido de un agudo timbre.
—¡No! ¡No! —gritó él.
Helena empezó a juguetear con la lengua en su... La campanilla no dejaba de sonar, cortaba el silencio que hasta hacía poco solo era interrumpido por gemidos.
—¡Mierda! ¡Mieeerdaaaa! —clamó, impotente ante la interrupción—. ¡Ahora noooo! —sollozó lastimeramente.

David de Pedro - La Revelación de Qumrán

 

viernes, 9 de marzo de 2012

Forward - Rewind - Forward in Tanzania

¡Buenas! Vista la buena aceptación del post de Las propiedades de la patata, no me queda más remedio que invitaros a un pequeño viaje entre Kenya y Tanzania... y no es que quiera ir de autobuses, pero cuando viajas con mochila buscando integrarte en el país, lo haces de la manera más mundana posible. Imaginaos la situación:

Mes de Julio en el continente africano. Una panda de blanquitos entre los cuales se incluía un servidor (y con una panda, me refiero a unos ocho o diez) cogen un autobús regular de sesenta plazas en Nairobi (Kenya) con destino a Dar es Salaam, la antigua capital tanzana. Al principio sólo parecía un autobús turístico, ya que sólo íbamos el grupito de viajeros pertrechados con nuestras mochilas. El chofer era una conductora de caracter sobrio y de talla XXXL. Íbamos bien, anchos, frescos (eran las siete de la mañana), limpios y con ganas de llegar a nuestro destino... con el paso de los kilómetros, nuestro espacio se fue reduciendo. Los autóctonos empezaron a llenar el vehículo, subían más que los que bajaban, y a medida que las horas discurrían, el ambiente se tornaba más difícil de respirar. Me acuerdo de una amiga que en una de las paradas que hizo el autobús, y coincidiendo con que había un bar, le pidió amablemente a la conductora que si se podía esperar un momento para que ella fuera al servicio. Hizo el comentario empezando a bajar del autobús, contando con que la mujerona la comprendería y le diría que sí. Cuál fue su sorpresa cuando con la simpatía que caracterizaba a nuestra conductora, le dijo que no, que no podía descender del autobús. Estupefacta, mi amiga volvió a subir, rezando porque en algún momento pudiera hacer sus necesidades antes de que fuera demasiado tarde. 
Al cabo de un cuarto de hora después de haber reiniciado el viaje, el autobús se paró en una cuneta al lado de un árido campo lleno de matojos. Todas las africanas (y eran unas cuantas) bajaron en tropel... los turistas nos quedamos expectantes mientras nos mirábamos sorprendidos. No entendíamos nada. En aquel instante, la señora conductora se giró y le dijo a mi amiga en su rudimentario inglés: The toilet. A la vez que señalaba el campo. Aquello era digno de ver... detrás de cada matojo sólo se veía un culo (blanco o negro) pero en definitiva un culo, lo cuál, buscar un hierbajo libre para poder hacer las necesidades se tornó en toda una odisea.
Después de que todo el mundo subiera, y cuando digo todo el mundo, lo digo en sentido literal, ya que en aquel autobús lo de las sesenta plazas sólo era para indicar los asientos que tenía, no tanto así como la gente que podían llegar a meter, reanudamos nuestro viaje hacia Dar es Salaam. 
Estábamos a punto de llegar, cuando los ayudantes de la chófer se levantaron sin mediar palabra y empezaron a correr todas las cortinas del autobús en pleno mediodía. Otra vez el signo de interrogación apareció en nuestros ojos. No llegábamos a comprender qué sucedía. Pienso que el creador del tetris tuvo una experiencia similar antes de programar su famoso videojuego. Todos los africanos que se encontraban de pie en el pasillo del autobús retrocedieron hacia el fondo del mismo, mientras el vehículo salía de la calzada por indicaciones de unos policías tanzanos para ponerse encima de una báscula pública pero de tamaño reducido (cosa que comprendí más tarde y ya sabréis porqué lo digo). Cuando parecía que habían cogido la tara de la primera mitad del autobús, éste empezó a circular lentamente para hacer lo mismo con la parte posterior. Llegados a este punto, los ayudantes volvieron a movilizar ágilmente y en silencio, a todos los que habían hacinado en la parte de atrás, pero esta vez hacia la parte delantera. Aquello era de película. Los blancos alucinábamos... aunque aquello sólo era el principio. Después de haber pesado el autobús en dos tiempos, los policías tanzanos no acabaron de ver bien lo de la tara... y le indicaron a la chófer que volviera a pesar. Ésta, ni corta ni perezosa, en vez de tirar marcha atrás, cruzó atravesándose entre los cuatro carriles de la carretera (dos por sentido) frenando a todos vehículos que circulaban por aquella transitada calzada. Después de haber dado el giro de 180º, volvió a hacer lo pertinente para encararse otra vez a la báscula, eso sí, ante la impasividad de la autoridad competente. 
Esta vez los ayudantes cambiaron de estrategia y decidieron que en vez de que la gente estuviera de pie en el fondo del autobús, se sentaran encima de los que ya ocupaban su butaca. Creo que debieron pensar que sentados, pesarían menos que de pie, porque sino... Eso sí, tendría que haber sacado la cámara de fotos en aquel momento, porque si bien los africanos accedían dóciles y resignados ante las maniobras del tetris, los turistas blancos a los cuales les sentaban un autóctono encima... alucinaban! Bueno, para no extenderme más, eso pasó tres veces... no es que mi vida pasara ante mis ojos una sola vez, sino que lo hizo las seis que la conductora cruzó los cuatro carriles sin apenas mirar. Finalmente y como los números no salían, hicieron bajar a la mitad del autobús, obligándoles a caminar unos doscientos metros, mientras el vehículo cumplía con el peso reglamentario para satisfacción de ambas partes. Después de recoger a los desahuciados y contra todo pronóstico, llegué a tiempo para coger el ferry hacia Zanzíbar (no sin antes pegarme una carrera maratoniana por medio de la antigua capital con la mochila a cuesta). 

David de Pedro

sábado, 3 de marzo de 2012

Amazon - edición digital - continuación capítulo Uno

Queridos amig@s, esta semana me he estado manteniendo dentro del ranking de los 15 primeros... todo un reto, cuando resulta que Amazon actualiza sus ventas y las posiciones cada hora! La primera crítica recibida fuera de mi círculo, ha sido positiva! A ver que os va pareciendo a vosotros...

(...continuación)
—Por fin un poco de movimiento —masculló incorporándose—. ¡Pensaba que no saldría nunca!
Y se abrió. Al principio solo vislumbró una sombra, pero por su silueta no parecía ser ninguna mujer. Vio cómo un hombre miraba a ambos lados de la calle como si quisiera pasar desapercibido, y empezó a caminar rápidamente por la acera. Al pasar por debajo de la luz mortecina de la farola vio sus rasgos, y exclamó al reconocer al maltratador de niños:
—¡Mierda! ¿Pero qué coño hace este maldito cabrón aquí? Perfecto, ahora solo me faltaba esto. Estoy con un puto caso de mierda vigilando a una ladrona de la que solo sé su descripción y me encuentro con el capullo causante de mis desgracias. ¡Me cago en la leche que mamé! ¿Por qué tengo tan mala suerte?
Vio cómo la puerta se volvía a abrir y salía otra silueta, esta vez femenina, y se iba en la dirección opuesta. Aguardó un poco hasta que observó que la mujer subía a un coche y se iba hacia el centro de la ciudad. Entonces arrancó su Golf GTI 16 válvulas y la siguió sin encender las luces.
Mientras la seguía, pensó en lo que había visto. Hasta ese momento creía que el caso era tan lamentable como todos los que había estado llevando últimamente, pero a lo mejor su suerte no era tan mala como había dicho momentos antes... De hecho, podría ser que esta vez tuviera la oportunidad de pillar a aquel bastardo y encarcelarlo durante bastante tiempo.
De repente se dio cuenta de que se había saltado un semáforo en rojo y advirtió cómo un todoterreno se lanzaba directamente, pitando y haciéndole largas.
—¡Hostias, que me embisten! —chilló al tiempo que lo esquivaba y aceleraba. El deportivo negro rugió, y con las revoluciones al máximo salió disparado hacia el frente, justo cuando el Jeep Cherokee pasaba, derrapando y con el claxon sonando a toda potencia, por el lugar donde había estado él un segundo antes.
—¡Uf! —suspiró— ¡de qué me ha ido! Pensaba que me ensartaría igual que a un pincho. ¡Anda!, vaya forma de hacer una vigilancia secreta a estas horas. Seguro que la tía a la que sigo ni siquiera se ha dado cuenta —ironizó—. Por cierto, ¿dónde se habrá metido?
Entonces fue cuando apreció que ella había aparcado y que se dirigía a un pub muy concurrido, en el cual había un gorila que sonreía bobaliconamente en la puerta a todas las mujeres que entraban.
El local estaba lleno de gente con una media de edad de veinticinco a treinta años, y si algo tenían en común era su indumentaria. Eran de esa clase de personas que se etiquetaban con ropa de marca, bronceados permanentes y una pronunciación muy particular a la hora de hablar. El tipo de gente que él detestaba. Gente que podía obtener el poder a través de sus riquezas, engaños y manipulaciones. Parásitos de la sociedad, que chupaban la sangre del trabajador como si de ello les dependiera la vida. Bueno, para ser realistas, aquella gente todavía no parecía haber llegado a aquel extremo, pero dentro de muy pocos años seguro que todos lo harían.
Del pub se podía decir que era como una sala de reunión para aquellos pijos. Un local de diseño en el cual la música sonaba con estridencia. El techo era suficientemente alto como para que el humo del tabaco se disipara antes de llegar al final. Era de un color oscuro y moteado con pinceladas amarillas que representaban, con acertada similitud, una noche estrellada. Las paredes estaban pintadas igual que el techo, además de tener unas blancas columnas griegas que se alzaban majestuosamente a lo largo de sus veinte metros. La barra principal, rodeada de neones blancos y azules que proyectaban su haz indirectamente, le daba el aspecto de la vía láctea en una noche despejada. Tras ella, había el más grande acuario que jamás había visto. Ocupaba toda la pared y contenía lo que, sin duda, eran tiburones. Estos eran de un metro y medio aproximadamente, acompañados de una variedad infinita de peces tropicales. Las camareras iban ataviadas con una sábana blanca y corta de ribetes dorados.

David de Pedro

miércoles, 29 de febrero de 2012

Amazon - edición digital - Capítulo Uno

Buenas a todo el mundo,

Es curioso, si esto lo escribiera en un e-mail, estaría significando que me dirijo a unas cuantas personas de manera generalista... lo escribo en el blog, y adquiere un significado totalmente literal: HOLA A TODO EL MUNDO!!! Me agrada ver como cada vez se suman más países a la lectura del blog! La verdad es que es asombroso ver como podemos contactar estando tan lejos... la magia de la red.

Os comunico con alegría que La Revelación de Qumrán ha dado un pequeño saltito en la clasificación. También soy consciente que esta alegría seguramente durará un día, pero bueno, la posición 14 no está mal, no? Lástima que las ventas se centran sólo en España, de momento en los otros mercados no he conseguido inaurar el marcador!

http://www.amazon.es/dp/B0070ZY162/ Precio: 0,89 €.

Os dejo un pequeño, pequeño aperitivo:

Capítulo Uno



E
ra una noche de verano. La lluvia caía a cántaros, golpeando con furia el cristal de su coche mientras él dormitaba. El asfalto estaba inundado por charcos que reflejaban la luz que desprendían las maltrechas farolas. Eran las dos de la madrugada y no se veía ni un solo transeúnte. Las casas, sombrías, hacía rato que habían apagado su luz interior. Catorce horas después de que ella entrara, aún no había detectado ningún movimiento. Sus huesos estaban entumecidos por el frío; los riñones, doloridos después de tanta espera, se estaban empezando a notar. «Después de este servicio tendré que tomarme un buen baño caliente», se dijo.
Él era alto y corpulento, sus rasgos rudos le hacían parecer más viejo. A sus treinta y cuatro años era aún un lobo solitario; prefería que las cenas estuvieran acompañadas por una buena cerveza y un interesante partido de baloncesto, y no aquellas maravillosas, enternecedoras e ilusas comidas familiares que celebraban con tanta frecuencia sus compañeros de departamento. Su pelo negro hacía juego con los ojos verdes, aunque en aquellos momentos estaba revuelto y sudoroso, y le confería un aspecto más bien decadente. El hecho de que las ojeras fueran pronunciadas y que la barba le hubiera crecido en aquellos días de vigilancia, no favorecían en absoluto a su ya de por sí descuidada imagen. Su vestuario se basaba únicamente en unas botas negras con hebillas, un descolorido pantalón tejano y una camiseta blanca y ajustada que dejaba entrever los musculosos pectorales acompañados de velludos y poderosos brazos.
Por la radio habían dicho que el tiempo inestable se mantendría durante el resto de la semana, para augurarle de esta manera que, como no resolviera rápidamente el caso en el que estaba trabajando, lo pasaría mal los siguientes días. De hecho ya lo estaba pagando desde hacía tiempo, desde la vez en que vio cómo un hombre maltrataba a su hijo después de que le volvieran a conceder la custodia que había perdido por malos tratos. No había podido soportarlo y le dio tal paliza que tuvieron que hospitalizar al padre. Sus compañeros intentaron justificar su comportamiento, de hecho todos sentían repulsión hacia aquel hombre que ya había sido detenido varias veces y que siempre había sido absuelto por falta de pruebas; pero el capitán, aunque lo salvó de que lo echaran del cuerpo, se lo hizo pagar. Le dijo que no podía aplicar su propia ley, y que volvería a sus inicios en la policía para que recapacitara sobre su futuro. Estuvo varios meses entre los papeleos de la oficina y las patrullas por la ciudad, para después empezar otra vez con casos de investigación de poca monta. Y ahí estaba, una húmeda noche estival, vigilando a una mujer que se dedicaba al robo y esperando a que le dieran casos de mayor envergadura. Estaba releyendo por centésima vez la definición del crucigrama que se había llevado para la espera cuando de repente le pareció percibir la apertura de la puerta.




sábado, 25 de febrero de 2012

Coctel explosivo: I.E. + Pensamiento Lateral, ¿Quieres un sorbo?

Cuando era pequeño, quería ser arqueólogo. Siempre lo tuve claro. Pero si una cosa he aprendido con el tiempo, es que por encima de todo hay que ser creativo. La creatividad y la imaginación sirve de mucho en la vida... desgraciadamente no es una asignatura que se dé en los colegios. Todos sabemos lo útiles que son las matemáticas, la lengua, la historia... pero ¿y el crecimiento personal? ¿Donde se enseña? ¿Quién lo enseña? ¿Los padres? ¿Cuando muchas veces no son capaces de solucionar sus propios problemas porque no saben comunicarse entre ellos de una manera proactiva? ¿Los profesores? ¿Quién?. La respuesta es fácil: Nadie. Nadie nos forma en el crecimiento personal, cada uno se busca la vida con más o menos acierto, cuando esta sería la base de cualquier formación, juntamente con la educación, creatividad, imaginación, humildad y la cultura del esfuerzo. Porque tened claro esta realidad... el más inteligente académicamente hablando, no tiene porque tener éxito en la vida. Entendiendo por éxito a todo aquello a lo que uno quiere aspirar, y no a lo que la sociedad entiende como tal.
 
Hay un concepto que inició sus andaduras en 1985 y que en los últimos años ha ido cogiendo más fuerza, lo han bautizado como Inteligencia Emocional (I.E.). Para partir de una base académica, definamos los puntos en los que se basa:

  • Percepción y expresión emocional: reconocer de forma consciente nuestras emociones e identificar qué sentimos y ser capaces de darle una etiqueta verbal.
  • Facilitación emocional: capacidad para generar sentimientos que faciliten el pensamiento.
  • Comprensión emocional: integrar lo que sentimos dentro de nuestro pensamiento y saber considerar la complejidad de los cambios emocionales.
  • Regulación emocional: dirigir y manejar las emociones tanto positivas como negativas de forma eficaz.
La I.E. es básico para poder avanzar en la vida, evolucionar sin dejar que los problemas con los que nos vamos a encontrar diariamente nos hundan. Podríamos decir que la I.E. es una actitud ante la vida, y desgraciadamente la mayor parte de la población no está formada en estos menesteres. Una de las citas más fieles que reflejan esta filosofía, a mi parecer, sería la de Thomas Alva Edison:

"No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de como no hacer una bombilla."
  • Nota: respondiendo a un periodista que le recordó que había cosechado casi mil intentos fallidos antes de dar con el filamento de tungsteno.
El otro ingrediente que complementa la Inteligencia Emocional, es la creatividad. Soy un fiel defensor de la creatividad, porque si la I.E. es una actitud, el desarrollo de la creatividad es la herramienta que nos hará encontrar el camino hacia el éxito (ya sea personal como profesional). 

Dentro de la creatividad, destaca el pensamiento lateral (lateral thinking). Esta idea se caracteriza por producir alternativas que estén fuera del patrón de pensamiento habitual.

La idea central es la siguiente: al evaluar un problema existiría la tendencia a seguir un patrón natural o habitual de pensamiento (las sillas son para sentarse, el suelo para caminar, un vaso para ser llenado con un líquido, etc.), lo cual limitaría las soluciones posibles. Con el pensamiento lateral sería posible romper con este patrón rígido, lo que permitiría obtener ideas mucho más creativas e innovadoras para representar todos esos caminos alternativos o desacostumbrados, que permiten la resolución de los problemas de forma indirecta y con un enfoque creativo. 

Si tuviera que definir con mis palabras de una manera rápida y sencilla los dos conceptos mencionados, la inteligencia emocional sería la actitud de levantarnos cada vez que nos caemos y persistir en la lucha del problema aprendiendo de nuestros errores y evolucionando, y el pensamiento lateral serían las llaves que harían posible vencer ese problema desde diferentes perspectivas. El tercer y último punto a formar, aunque no menos importante, sería el desarrollo de la imaginación, lo cual nos permitiría visualizar el camino que queremos seguir.

Cuando realizo una excavación, primero tengo que documentarme, luego utilizar la imaginación, ya que tengo que visualizar lo que hicieron los miembros de la cultura investigada, tercero tengo que llevarlo a la práctica y digerir los errores que haya podido cometer durante mi visualización (I.E.). La constancia hará que al final llegue a mi objetivo... pero si al final no lo consiguiera, tendría que empezar a aplicar el pensamiento lateral para incentivar mi creatividad y buscar aquellos caminos que inicialmente no se me habrían ocurrido por estar obcecado en los parámetros tradicionales. Eso es lo que hago en la práctica y lo que intento transmitir a mis alumnos universitarios.

Alfons Abulí - Arqueólogo (Barcelona)

 

jueves, 16 de febrero de 2012

Las propiedades de la patata

Soy viajero, incluso me atrevería decir aventurero. Me encanta descubrir lugares exóticos, interactuar con sus habitantes, conocer culturas opuestas a la mía, ampliar mis horizones... me encanta soñar y hacer que mis sueños se hagan realidad. Siempre lucho por ellos, con tiempo y paciencia... Ese es uno de los motivos de La Revelación de Qumrán, un intento de trasladar una parte de mi imaginación hacia vosotros, con la intención de trasladaros a mi mundo, donde espero podáis disfrutar de ese cruce entre la realidad y la ficción.

En una de mis oportunidades (no hay que olvidar que para poder viajar se tienen que dar ciertas confluencias, y no siempre se alinean los astros), cogí la mochila y me fuí a Perú. ¿Alguna vez habéis viajado solos? Os lo recomiendo, aunque sea una vez en la vida. Allí viví pura adrenalina, estar sólo en un país desconocido a aproximadamente 10.000 km de tu casa. Encima se daba la casuística de que Fujimori había abandonado el poder y Montesinos se encontraba haciendo de las suyas en un país que estaba amenazando levantar sus armas. Un día, cogí (sí, lo conseguí) un autobús regular que hacía la ruta panamericana de Lima a Arequipa. Digo que conseguí subir al autobús porque cuando sales de Lima no hay problema, pero si estás en Ica (ciudad de paso entre los dos puntos antes mencionados), es otro hablar. Después de cinco horas de espera sobre la hora prevista de paso del colectivo, conseguí subir con mis bártulos al hacinado vehículo completando así el asiento número 60, del cuál, yo era el único turista. Para los que no conozcáis lo que representa hacer este recorrido, os diré que desde Ica hasta Arequipa hay un trayecto de aproximadamente 700 km. que se hacen de un tirón. Cuando ya llevábamos alrededor de cinco horas de viaje y me encontraba en un estado de duermevela, hubo un individuo que se levantó de su butaca y empezó una disertación un tanto peculiar a su cautivo público, que en ningún momento tuvo opción para la huida. El sentido de alarma se me activó sacándome del sopor al instante.

En aquel momento, lo primero que se me pasó por la cabeza fue: El Sol Naciente (movimiento terrorista que hacía poco tiempo había sido erradicado del país) ha vuelto a resurgir. Sinceramente temí por mi integridad... por ese motivo me volví a mi indígena vecino y le pregunté: Oye, ¿esto es normal?, a lo que él me respondió de manera impasible: Sí.

Me quedé un pelín más tranquilo, aunque aún no acababa de comprender de qué narices estaba hablando aquel autóctono a su cautivo auditorio, en el que evidentemente yo también me encontraba... en aquel instante su introductoria verborrea se paró para decir:

- ¡Y sí señores, les voy a explicar las propiedades de la patata!

Después de que con su inagotable e imaginativa dialéctica nos explicara las excelencias del tubérculo, y ésta tuviera que detenerse forzadamente, más porque había llegado a su destino que por otra cosa, pasó una cesta para recoger monedas, a la vez que regalaba unos caramelos. Fué uno de los momentos mágicos e imborrables del viaje (hubo muchísimos). Aquel buen hombre se ganaba la vida de aquella manera, buscando poder alimentar a su familia de una manera honrada y sana. Esa es la magia y la riqueza de viajar, ver esas pequeñas cosas que nadie más te puede enseñar y que sólo tú puedes vivir. Más tarde, se levantó otro individuo para explicarnos humorísticamente la infancia de un niño horroroso hasta la saciedad... la suya, para entonces yo ya estaba curado de espantos.

Por cierto, Perú es un país donde la belleza de su naturaleza rivaliza contra la grandeza y la generosidad de su pueblo, os recomiendo que lo visitéis.

David de Pedro



sábado, 11 de febrero de 2012

España, el paraíso fiscal (para los ladrones, claro)

El presidente del gobierno español está pendiente de reunirse con Rafa Nadal, para demostrar así, su apoyo a los deportistas españoles ante las chanzas de un canal televisivo francés donde deja en entredicho la imagen nacional... eso sí es un gesto de solidaridad. Cómo no nos podemos sentir orgullosos de tal representante electo? Si es que tenemos una suerte... en cambio, no se manifiesta por la inhabilitación del juez Garzón, una persona que ha luchado contra las mafias, terroristas y demás malhechores; Un jurista que ha descubierto la trama Gürtel y por la cuál ha pagado un enorme precio: su carrera. 

Un país donde se viste de democracia, y en el que las reminiscencias de un pasado dictatorial todavía están muy presentes, un país donde se penaliza a los buenos y se perdona a los malos, el cliché de que el que tiene poder y dinero se sale con la suya se ha demostrado una vez más, aunque me temo que no será la última. Correa, el Bigotes... individuos que bien podrían ser personajes de una novela negra, un dirigente político al que le regalan cosas con grabaciones que han demostrado que detrás de esos presentes habían otras compensaciones, un jurado popular que le importaba un comino lo que le pudiera pasar a un presidente que salió reelegido aún estando imputado. Una alcaldesa que recibe regalos de miles de euros y que lo encuentra normal, al igual que los jueces y la población que la vota. Personajes públicos que deberían dar ejemplo. 

Próximamente veremos el resultado del juicio de Matas y de Undargarín. Viendo los precedentes, te atreverías a votar? Crees que saldrán libres o que los acusarán e irán a la cárcel? Crees en el sistema judicial español? No os equivoquéis, he mencionado a estos personajes y no quiero que se me defina como una persona de una ideología u otra. Sencillamente me gustaría que hubiera justicia. Que los malos paguen y que el esfuerzo de los buenos prevalezcan. Una utopía? en estos días parece que sí.
Carol Castro. Periodista

P.D. El presidente del gobierno español no dice/comenta/sabe/involucra/moja sobre los casos abiertos (ni antes, ni después). Por qué será?